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Caso

Pastelería Sucre

Una pastelería que vendía bien por Instagram y justamente por eso tenía el problema: más pedidos de los que el buzón de mensajes podía ordenar.

El punto de partida

Tres problemas que Instagram no resuelve

Los pedidos vivían en los mensajes de Instagram

Entre consultas por precio, mensajes de amigos y pedidos de verdad, la conversación importante quedaba enterrada. No había forma de saber cuántos pedidos había comprometidos para el sábado sin leer todo el buzón hacia atrás.

Los precios cambiaban y la publicación no

Un insumo sube, el precio de la torta sube, pero el post de hace tres semanas sigue diciendo el valor viejo. Y el cliente llega con el valor viejo en la mano.

Se comprometía más de lo que se alcanzaba a hornear

Una pastelería no puede producir infinito para el mismo día. Sin un límite visible, se aceptaban pedidos que después había que reorganizar a mano.

Lo que construimos

Un sitio que ordena la operación, no solo que se ve bien

Catálogo con precios que se cambian desde el celular

Un panel donde la dueña actualiza precios, agrega productos de temporada y marca lo que se agotó. El cambio se ve en la web al instante, sin escribirme.

Pedido que llega ordenado por WhatsApp

El cliente arma su pedido en el sitio y llega el mensaje con el detalle ya escrito: producto, cantidad, fecha de retiro. Se acabó el ida y vuelta de diez mensajes para entender qué querían.

Cupos de producción por fecha

Cuando el sábado llega a su límite de tortas, la web deja de ofrecer sábado. El sitio no vende lo que la cocina no puede entregar.

Reseñas que se piden solas

Veinticuatro horas después de la entrega sale el mensaje pidiendo la reseña en Google. Si el cliente responde molesto, no se le piden estrellas: le llega el aviso a la pastelería el mismo día.

¿Tu negocio se parece a este?

Si hoy vendes por Instagram o WhatsApp y sientes que se te están perdiendo pedidos, es exactamente el caso. Cuéntame cómo los tomas hoy y vemos qué se puede ordenar.